Salto del Nervión
Población: Puerto de Orduña
Distancia: 6km
Desnivel: 121m
Tiempo: 3h 30'
Ésta vez, voy con
la family.
Nos vamos a ver el salto del nervión… “Ahora, que con el
deshielo tiene que llevar mogollón de agua” (ay, infelices…)
Total, que cogemos coche, y con un GPS improvisado, con
el teléfono, nos llegamos hasta el pueblo de Orduña, en busca del puerto de
Orduña, que es a donde tenemos que ir… Recorremos todo el pueblo, sin ver nada
que nos indique puerto… Porque en realidad no hacía falta entrar al pueblo.
Preguntamos, amablemente nos indican dónde ir, y ya tomamos camino…
La carretera es horrible, de curvas (claro, como todos
los puertos de montaña… Pero mi sobri se marea en el coche, así que se siente
peor de lo que es…)
Se indica perfectamente el desvío hacia el salto del
Nervión. Entramos en una pista (en muy buen estado), unos 3km, y encontraremos
un parking. Hay otros parkings antes, pero el que nos interesa es el último,
fácilmente reconocible porque es el más grande.
Lo cierto es que cuando fuimos, había mucha gente, que
dejaron el coche en el anterior parking, porque pensaron que no iban a
encontrar en el principal (que nosotros encontramos aparcamiento, porque “todos
los tontos tienen suerte”, o por “la suerte del principiante”, o algo de eso
tuvo que ser…)
Allí nos encontramos con un amigo de mi sobri (y sus
padres, claro), y nos ponemos a andar con ellos.
Se empieza por una pista, pasamos al lado de “La Casa del
Parque”, donde está el manantial de Santiago, pero eso lo dejamos para el
final, porque tenemos unas ganas locas de ver el salto.
Serán aproximadamente 2km de pista, pasando por una
lobera, trampa para lobos...
...hasta llegar al mirador del Nervión… Sí, muy bien situado,
porque las vistas son espectaculares, pero agua lo que es agua… así como la
conocemos, en plan H2O, de esa que moja y tal… Pues nada. Bueno, sí, a mitad de
pared, se veía lo que parecía un chorrillo... Algo anecdótico, vaya…
Así que, en compensación, aprovechamos que el cauce está seco, y bajamos.
Pero claro, no podemos bajar por el camino fácil (que estoy convencida de que
lo hay), y buscamos lo complicado (o lo más empinado), para darle emoción a
nuestra aventura. Tras momentos de tensión, que no relataré, conseguimos bajar
todos, y asomarnos al vacío.
Al ratito subimos, y, para que no se me haga corta la caminata a mi (porque
a mi sobrina se le hizo largo hasta ese cachito que llevábamos…), propuse ir hasta el
mirador de Rubén, y hacer la vuelta por otro camino, es decir, convertir una
ruta lineal de 4km, en una circular de unos 6… Dicho así parecería sencillo. Se
me olvidó el desnivel… que para mi sobrina, que no anda, se hizo MUY duro…
Para llegar al mirador de Rubén, se deben seguir las marcas del PR, blancas
y amarillas (las mismas que habíamos seguido hasta el mirador, solo que éstas
pertenecen a otro PR diferente…). Nos llevan siempre por los acantilados, con
unas vistas increíbles (además, hemos pillado un día estupendo, de solete…)
Hacemos una parada para comer, en cuanto vemos algo de sombra, y seguimos
adelante.
Es un tramo de subida, ya digo que a mi sobrina le costó un poco, porque no
está acostumbrada (al llegar al mirador, sus palabras fueron “por fin, ¡un
sitio para sentarse!”, no digo más…), pero su amigo, que es más de monte, iba
de guía, con mucha energía. Serán unos 3km.
A partir de éste mirador, la vuelta se hace por otro PR (de nuevo, marcas
amarillas y blancas), que nos adentra en un hayedo. 1’5km, aproximadamente, de
bajada (donde mi princesa vuelve a correr como si se acabara de despertar de
una siesta reparadora…)
Poco antes de llegar al aparcamiento, nos desviamos a la izquierda, donde
encontramos “la cueva del dragón”, que no sé si es el nombre que le dieron los
hijos de la persona que “me recomendó” la ruta (la miré en un blog, no recuerdo
cuál), o es el nombre oficial… Pero es muy chula la entrada. Aunque una vez
dentro, no tiene nada (sí, entré, ¿acaso lo dudabais? Vino mi hermano, el amigo
de mi sobrina, y su padre…
Después nos vamos a la Casa del Parque, y vemos el manantial de Santiago. Ahí los nenes se desfogan a gusto, con la energía que les queda, pasando por un puente, y por debajo, entrando a la "cueva" del manantial, ...
Como nos habíamos quedado con las ganas de ver agua, a la vuelta nos paramos en la cascada de Gujuli, que yo conocía por una ruta anterior (ver:
Cruz del Gorbea). Añado la foto "repe" para que se vea la notable diferencia de caudal, entre uno y otro... Aún no entiendo por qué no había agua en el Nervión... ¿En fin!
Buen día de senderismo, buena paliza para la peque... Nos vamos a descansar. ¡Hasta pronto!