3 de enero de 2014

Pasarelas del Vero



Población: Alquézar  
Distancia: 4km          
Desnivel: 200m
Tiempo: 1h20’

Utilizando Huesca (capital) como campo base para hacer turismo y empezar bien el año, nos dirigimos a pasar el día a Alquézar, un pueblito precioso de la sierra de Guara. 



Ya que estamos allí, y aprovechando que no llueve, nos decidimos por una ruta facilita y MUY bonita. Obviamente, y como todas, tendrá más encanto en otra época del año, cuando todo esté vede, y se agradezca tener tanta agua cerca para mojar los pies, pero aún así, merece la pena.
 
La ruta sale de detrás de la Iglesia, en frente del ayuntamiento… si no conocéis el pueblo, vais a la oficina de turismo (que en nuestro caso estaba cerrada por una visita guiada y tuvimos que ir a una casa museo, donde también atienden), para que os expliquen dónde está... porque sinceramente ahora no sería capaz de hacerlo si no estoy allí.

Se empieza a andar bajando, por unas pasarelas que hay, todo muy bien preparado, para ir con niños y todo, aunque puede que se cansen en la subida. La bajada es empinada, y la madera está húmeda, pero para eso han colocado una especie de rejilla por encima, y así no te resbalas… ¡Qué listillos!




Una vez se termina de bajar, cruzando el río en alguna ocasión, se llega a una explanada, donde un cartel indica que se puede volver a Alquézar por la izquierda, pero nosotros debemos seguir por la derecha para ver realmente el cañón del río Vero, que es a lo que hemos venido.
 
El camino sube por una pasarela que nos lleva a media altura de la pared de roca. A nuestros pies el río. Impresiona un poco, pero en cuanto das dos pasos ya no hay problema.

 
En los dos sitios donde te “deja” la pasarela, puedes bajar a tocar agua fresca. Sólo recomendamos el baño en el primero (no vi nada que lo prohibiera, y al menos ahí no hay casi corriente).



Pero el segundo deja buenas vistas de la cascada, y supongo que si vas a la hora correcta el día correcto, será un buen sitio para almorzar.

Por allí hay otro par de sitios donde Dora y compañía pasamos a explorar. Pasaba por allí una parejita: el chico nos miró con carita de pena y miró a su novia, que le dijo “yo no bajo ahí”… Pobrecito… y yo azuzando a todo el mundo pa' hacer locuras... Las comparaciones son odiosas. Eso sí, su equipo era de marca, eh, ¡Que no falte de na!


 En fin, que seguimos andando, pasamos por un pequeño túnel (resbala un poco… supongo que porque es enero y habrá llovido hace poco).


 Y pasamos a la última pasarela, la más ancha de todas (ironía…)

 

Llegamos al fin al último tramo en el que tenemos contacto con el río... desde aquí sólo queda subir todo lo bajado, y entrar al pueblo, en manga corta, porque hace un calor que no es normal…


 ¡Buena ruta a todos!

P.D.- Comimos en un restaurante de allí, tardaron 20 minutos sólo en venir a tomarnos nota (ni cuento lo que tardaron en traer la comida), y de muy mala manera. Por lo demás, en la oficina de turismo, la panadería, etc, todos fueron muy amables.

21 de diciembre de 2013

Desfiladero del río Purón



Población: Herrán
Distancia: 9km          
Desnivel: 240m
Tiempo: 3h i/v

Sin mucho estrés, cogemos carretera hacia Herrán. Es muy divertida, la carretera, estrecha, con curvas, paredes de piedra que parecen al borde del derrumbe (esto seguramente no sea así, pero impresiona)…

Total que llegamos a Herrán, aparcamos el coche en el parking que hay a la entrada, y empezamos a prepararnos para andar… ¡Un momento! ¿Y mi abrigo? ¡NOOO! ¡¡Está en casa!! Bueno, menos mal que voy como una cebolla y tengo 3 capas de ropa (camiseta corta, polar, sudadera), y, bueno, tampoco es que haga FRÍO… ¿no?

En fin, sin abrigo, a lo valiente, atravesamos el pueblo. Nada más salir, ya vemos el cartel para saber hacia dónde tenemos que ir.


 Tendremos que atravesar una puerta.


Caben coches, claro que caben coches, es zona de cazadores (a la vuelta vi cosas que hubiera preferido no ver…), pero a la ida sólo vi algún perrete simpático.

 Vamos andando rodeados de roca y agua (sólo por el río, no llovía... Aún...)


Sí que hay un momento que las marcas que seguíamos nos indican tomar un desvío a la derecha, pero nosotros debemos seguir al lado del río.

  
Al poco cambiamos de Parque Natural (sí, hay un cartel que indica que sales de los Obarenes, y luego otro que dice que entras en el de Valderejo...) y volvemos a tener señalización.


Vamos por un camino que no tiene pérdida (lo que sí tiene es una caída sobre la que no puedo hacer comentarios porque es horario infantil). Escuchamos el río pero nos cuesta verlo.


 El camino nos lleva al lado del río, y está muy bien adaptado con puentes (que nosotros en cuanto tenemos oportunidad vamos a ver qué hay debajo del puente… ¡como si fuera un misterio! Pero las fotos quedan genial…), e incluso, en un tramo, tenemos hasta escalones.


 Hay un par de sitios que invitan al baño, o lo harían de no estar en diciembre y con aires de tormenta. Para llegar a uno de ellos tenemos un desvío a la derecha con unos escalones que casi mejor se bajarían rapelando (es una licencia poética, no es tan exagerado, pero son empinadetes…).

Una vez termina el bosque, tenemos un prado gigante, que nos aburrimos de andar (sí, es que lo más divertido a hacer en ese prado era esquivar las “minas” que nos habían dejado nuestras amigas las vacas), pero que hay que atravesar, porque al otro lado tenemos el bonito pueblo (abandonado, que quizá por eso tiene aún más encanto) de Ribera.


 Bajamos del pueblo y nos escondemos en una casetilla que hay en el merendero, para comer algo y tomarnos el caldito. Con tanto viento, eso de estar parada sin abrigo no parecía buena idea… Y de hecho no lo fue. Volvimos muertos de frío, yo embutida en toda la ropa que tenía (guantes, gorro, braga…) y con el chubasquero Disney que mi acompañante traía (sí el mismo tímido de la sierra de Lokiz, algún día tendré que descubrir quién es… pero, ¿a que mola el misterio? J ). No hay fotos de la vuelta, porque teníamos demasiadas ganas de llegar al pueblo, al bar, a por algo calentito (que al final resultó ser una coca cola con hielos o.O )…

La ruta, muy bonita, aunque para repetirla en verano, con bañador (a ver luego quién es el valiente que se mete ahí… con el frío que tiene que hacer.)

Como despedida, las fotos del embalse de Sobrón, que pilla de camino por esa carretera tan divertida, pero que merece muchísimo la pena.



9 de noviembre de 2013

PR-NA-184 Sierra de Lokiz


Población: Ollobarren
Distancia: 7,4km
Desnivel: 390m
Tiempo: 3h

Bueeeno, éste viaje voy acompañada… Pero mi acompañante es tímido, así que no sale en las fotos (pero es el autor de las fotos más molonas… Felicitadle).



Allá que nos fuimos, madrugando (en realidad no, pero queda bien decirlo, parecemos personas más productivas…), camino a Ollobarren. ¿Qué no sabéis dónde está? Bueno, desde Logroño, tiráis camino a Pamplona, por la autovía, y, ¿Sabéis donde pone “Centro de Interpretación de la Trufa”? ¡¡¡Pues por ahí!!! ¡Por fin vi el centro de interpretación de la Trufa! Ya era hora, jaja. Bueno, no entré, porque en realidad no me gustan las trufas… Pero vi el edificio y tal..

Oye, ¡que me desvío del tema! A lo que iba, gracias a mi GPS llegamos al pueblito, donde tenemos un comité de bienvenida de tres perros que no me dejan avanzar, porque revolotean alrededor del coche, y no veo dónde están, así que costó un poco atravesarlo… Pero por fin, aparcamos pasada la iglesia, justo al lado del cementerio, nos abrigamos bien, porque hace fresco, y empezamos.

 

Puse el teléfono a grabar la ruta (sí, tengo GPS para ello, también, Garmin, precioso…  en casa, muy bien guardado en su sitio.), pero pilló la señal tarde así que empezó a grabar cuando le dio la gana. Además, esa ruta ha quedado rara, porque no lo desconecté cuando me fui a investigar y trepar, cual Dora Exploradora… Pero bueno, casi casi conseguimos hacerlo sin perdernos…



Empezamos a andar en llano… 




Pero esa felicidad dura poco y empieza la subida… 1h de subida, prácticamente, sin parar… No hay muchas fotos de ello, porque estábamos más atentos a respirar y eso, que parece como más vital, ¿no? Lo sentimos… Aunque en compensación, desde aquí os damos un consejo. No miréis arriba, mirad abajo, se ve mucha altura en seguida, y parece que “has hecho algo”.





 Una vez llegamos arriba, cuando ya no queda (casi) subida, vemos una roca gigante con la marca del PR que debemos seguir… y más rocas detrás. ¿Hola? ¿Es por ahí? No puede seeeeer… ¡Pues sí es! Un túnel muy cuco, de 30m, según pone en internet. Mientras mi acompañante buscaba la linterna (porque no sabíamos cuánto medía el túnel) yo me puse a trepar…




 Una vez fuera del túnel, hay que seguir recto, la marca se ve muy clara… Pero también se ve muy claro un camino a la derecha, y allá que fue Dora a explorar. No tiene nada… Pero lo tiene todo. Silencio, el sonido de tus propias pisadas, contraste de colores, roca gris, helechos verdes, tierra marrón… Bueno, que por cacharrear está bien, pero igual que entras sales, porque hay que seguir nuestras adoradas marcas de PR.

 

Algo más adelante, nos volvemos a desviar (un par de metros) de las marcas, para subir a una roquita desde la que vemos unos halcones, que a mi personalmente me dan mucha envidia, porque, si sólo con trepar una roca, me quedo alucinada viendo esto…





… Sobrevolarlo tiene que ser una pasada.



Pero en fin, seguimos caminando, persiguiendo marcas, y llegamos a bosque algo más cerrado (cerrado por pocos metros, pero luego sigue habiendo “plantas”…) Y a un camino más llano.





Por allí también cacharreamos cada vez que vemos un hueco. Una de esas veces, un compi senderista vio la mochila, a un lado del camino, y se asomó a preguntarnos si estábamos bien. “Sí, sí, que estamos aquí sacando la fotito, no te preocupes, muchas gracias” (¡qué gusto da encontrarse gente simpática!).

 


Siguiendo el camino medio llano, acabamos por llegar a la ermita de Santiago de Lokiz.

 

El camino sigue por la pista… Sólo unos metros. Y aunque es muy tentador seguir por esa pista, ancha, fácil, muy visible… Resulta que hay una marca pequeña, mínima, enana, ínfima, que nos indica que hay que girar a la derecha.



 El camino por aquí da un par de cambios bruscos, hay que ir muy atento al suelo, porque las marcas están ahí. A veces uno puede despistarse (que no sé cómo, nosotros no lo hicimos), pero según vimos asomándonos, por esos “desvíos” no se llega muy lejos.



Total, que va uno bajando alegremente por ese camino, pensando “uy, q camino más rompepiernas…”(sí también se piensa en lo bonito de las vistas, pero ahora no estamos a eso…) 


... Y de repente, ves por dónde sigue bajando el camino…


A mi me entró la risa, directamente. Poco a poco, y con mucho dolor de piernas, conseguimos bajar. Tampoco hay fotos de la bajada, porque estábamos intentando llegar con las piernas sin fracturar. Una vez al final encontramos una puerta verde, y al girarnos pare cerrarla, vemos de dónde venimos… Y la frase no es “todo eso hemos bajado” (aunque bien merecida estaba), si no “¡Qué pasada!”



 Por allí pastaba un caballo… que nos miró, y yo me alejé un poco, pero luego siguió comiendo, y ahí que le eché la foto para hacerlo famoso, porque sé que a vosotros, fans, os gustan los animalicos, y ya que en ésta no hubo vacas, algo tenía que daros… Porque yo soy fan de mis fans.




Y ya está… ¡hemos llegado!  Ahora tenemos que encontrar el coche… Estaba en la iglesia. Debería ser por aquí, o no, igual es por allí, espera, sube la calle, no, baja por ahí… ay, que se acaba el pueblo… Oye,  ¿y en el cartel que pone? ¡GANUZA! Oh, oh… Y ahora, ¿por dónde? Pues… Según vi en el mapa a la vuelta (o sea, ya en casa, ¡a buenas horas mangas verdes!), hay que salir del pueblo por el mismo sitio que salimos nosotros, subir a la iglesia que queda a la derecha de la carretera, y seguir las marcas, que deben existir, aunque nosotros no las vimos, porque estábamos cansados de recorrer la misma calle arriba y abajo 5 veces… Orientación cero, pero insistencia muchísima.


Total, que al final tiré de gps, y bajamos por la carretera, llegamos al pueblo, conocí una pulgosita muy juguetona que mordía las tiras de mi mochila, le di de comer, nos metimos al coche a comer nosotros, y empezó a soplar un viento que nos hubiera hecho volar, si nos pilla arriba. ¡Just in time! 


En resumen: no nos perdimos en el monte, porque teníamos que superarnos a nosotros mismos, y perdernos en el pueblo… (¡El más difícil todavía!) Pero quitando ese momento, la ruta estuvo muy chula, con muchos rinconcitos que explorar, que es lo que me gusta a mí. Pero a pesar de todo, y como diría la verdadera Dora... "We did it!"

Monasterio de Iratxe - Montejurra

Población: Ayegui Distancia: 11km Desnivel: 570m Tiempo: 3h45' Track:  https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/monasterio-de-iratxe-mont...